BAR-RESTAURANTE LAYON - GRANOLLERS
Decepción, esta es la palabra con la que definiría la experiencia con este local, había ido hace pocos dias a tomar un café y una ensaimada, me pareció correcto, con buen servicio camareros con oficio y experiencia, atentos y amables, con clase y buen hacer, camareros que han vivido el oficio, lo han querido y amado desde jóvenes, y con ese recuerdo entro hoy en el establecimiento con la intención de tomarme un buen desayuno, a la vista del publico y clientes están las mismas encargadas del último día, uno detrás de la barra, bien vestido y arreglado y otro sirviendo las mesas, con la misma indumentaria, profesionales, las mesas de fuera en la terraza estás libres, pero hace demasiado frio y prefiero el interior, en el mismo veo que todas las mesas están ocupadas, me acerco a la barra un poco inquietado y el camarero me dice, sin preguntar, que dentro hay mas mesas, sin embargo una persona se levanta y deja sitio, le digo que ya que quedo en esa mesa. Diligente. Cojo el periódico y pido un bocadillo de tortilla y una cerveza, y tomo asiento.
Empiezo a ojear el periódico y deduzco que en la terraza empieza a acumularse clientes, el camarero entra y sale sin parar, pienso que habrá salido el sol y empezara a calentar, estoy a mitad del periódico y aun no ha venido mi comida, el camarero sigue entrando y saliendo, también tomando nota de una mesa nueva que se ha sentado al lado de la mía, voy ya por la parte final del periódico, y por fin llega el bocadillo, servido en un plato, abierto para que vea la tortilla, aunque mejor hubiera estado cerrado sin la tortilla a la vista, el tamaño del pan era normal tirando a grande, el problema es que la tortilla les había salido pequeña, del tamaño de la mitad del pan, parecía perdida como un camello en el desierto, había que comerse la mitad del bocadillo solo saboreando pan. Para no comer pan solo desplacé un poco la tortilla a uno de los lados, lo probé, estaba normal, el pan no era crujiente, luego lo volví a abrir y lo volví a desplazar, y así hasta el final, para poder tener en cada bocado como mínimo un poco de tortilla. La cerveza estaba bien, fresquita, el cortado que pedí para terminar era bueno, quizá muy bueno, aunque el fallo del bocadillo de pan con un poquito de tortilla me había decepcionado tanto que no logré disfrutar del café.
Cuando me levanto y voy a pagar me dicen que son seis con noventa y cinco, lo encuentro correcto, pago y no dejo propina, el camarero, con sus años de experiencia y tras haber tratado y servido con miles de clientes supongo que ha notado mi decepción.


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