He ido a una de mis caminatas diarias y en principio no tenía pensado hacer muchos kilómetros ni estar mucho tiempo, pero como siempre me sucede en estos casos me he complicado la vida y sin darme cuenta estoy en LLiçá de Vall. Como la previsión era una hora y medio, dos como mucho, no llevo nada de bebida ni nada de comida y el hambre y la sed aprieta y estoy a medio camino, andando por el centro del pueblo de Llicà de Vall por la carretera principal que cruza todo el pueblo, cuando me doy cuenta que estoy junto al lado de un bar de nombre Ca La Cisca, pero lo que me llama la atención es el párrafo escrito debajo del nombre, "tu momento en tu espacio" me gusta y entro, a buscar mi momento.
Fuera había unas cuatro mesas casi todas llenas de mujeres tomando su café y charlando de sus cosas, dentro otras seis mesas y solamente una ocupada por un señor, tomo asiento en una mesa cercana a la pared mas al fondo junto al ventanal. Busco un periódico, pero no hay, así que pongo en marcha el móvil y enciendo la aplicación de un diario versión digital.
Al poco rato viene la camarera, parece que esta sola sirviendo, y me pregunta que deseo. No se que decir, no estaba previsto ni caminar tanto, ni entrar en ningún sitio ni pedir comida, ¿que hago, café con leche y pasta o bocadillo? Y sin pensarlo mucho le digo que clase de bocadillos tiene. Me pregunta si frio o caliente, respondo caliente y acabo solicitando uno de tortilla a la francesa y una copa de vino.
La mujer desaparece y en cinco minutos vuelve a parecer con mi bocadillo de tortilla y la copa de vino, decididamente esta sola, incluso en la cocina.
Cojo mi bocata u me lo llevo a la boca, el pan perfecto, crujiente y sabroso, la tortilla bien, quizás como dulzona, pero bien, y el vino me parece bueno, aunque como he dicho en muchas ocasiones no soy muy entendido.
La camarera va entrando y saliendo del local para atender a los clientes de la terraza, a veces desaparece en la cocina, tiene un posado tranquilo y no parece rápida aunque no deja a nadie sin atender y además tiene tiempo de comentar con los clientes problemas y cosas de sus vidas, parece tenerles confianza.
Una de las conversaciones que tiene es con el señor de al lado de mi mesa, por lo que parece tenia un trabajo y lo han echado o se ha ido, y que ahora estaba en paro y tenia pensado darse de alta de autónomo, en ese momento me mira a mi, no se porque, y yo, sin darme cuenta entro en la conversación con el comentario, autónomo no, ahora se llaman emprendedores, el sonríe y me cuenta que había estado muchos años de autónomo pero hacia dos que había encontrado trabajo para una empresa y decidió cambiar a un sueldo fijo y sin problemas, pero al poco tiempo no se entendieron con el empresario y se fue a otra empresa y ahora igual.
Se quejaba de que los problemas habían empezado allá por los años dos mil y poco que todo el mundo se veía capaz de ponerse a construir, y a gente que se especializaba, al final pagó su cuenta y se fue, me quede pensativo, hay gente que siempre tiene problemas y todo le sale mal, cuando no son los clientes son sus jefes, y siempre me pregunto si no son ellos el problema, aunque en el caso de este señor no me lo ha parecido así.
He acabado con el bocadillo y toda la copa de vino y que estaba más llena de lo pedido, y buscando la mirada de la camarera le pido un cortado. Me lo trae el momento, bueno, calentito, con espuma y tirando a fuerte, como a mi me gusta. Cuando acabo hecho un vistazo al local, es agradable, con decoración relajante, sin colores estridentes, y tenia razón el cartel, ha sido mi momento, aunque compartido con un señor que no volveré a ver nunca, y si lo veo no me acordare de sus rasgos.


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